Mostrando entradas con la etiqueta REMEMBRANZAS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta REMEMBRANZAS. Mostrar todas las entradas

sábado, 20 de abril de 2013

UN UCHINANCHU EN PERÚ

UN UCHINANCHU*  EN PERÚ


Intento penetrar en el alma del uchinanchu que conocí ; tarea difícil. Los restos del uchinanchu descansan en tierra ajena desde hace cuarenta años. La tonada de  "Todos vuelven" no se hizo realidad en él. Las nuevas generaciones que llevan su sangre, saben poco de sus vivencias y tal vez tampoco les importe mucho, pero él fué mi padre y aún me aferro a su recuerdo, porque  soy de algún modo, parte de él.
               Quisiera desandar su camino y recorrer los campos de Uchina**  a su lado y sentir con él la misma emoción de sus años infantiles, cuando Nago*** era su mundo, con sus caminos de tierra, su playa infinita y su mar siempre azul. Pero pienso en él y recuerdo sus tristezas; la nostalgia se adivinaba en su mirada.
                Cómo no entenderlo ahora que en el silencio de esta noche nipona, la Patria se me acerca, brumosa y etérea,  desde la otra orilla del océano.
                Cómo no pensar en su tristeza,  si ahora es mi perpetua compañera en esta tierra que es cálida y fría a la vez;  que te dá tanto pero te quita más; que te permite sueños y te destroza la fé; ... y me pregunto: ¿qué sentía papá cuando pensaba en su Nago natal,el " furusato **** "  de sus recuerdos? ...  Indago en la memoria ( lo poco que hoy me queda ) y puedo ver su rostro, curtido de sol y viento...



               Las botas maltrechas se hunden en lodo,
               la lluvia no cesa,las sombras se yerguen
               y envuelven su cuerpo,cansado y marchito.
               La noche aprisiona y surgen recuerdos;
               La Patria lejana se asoma en el alma,
               " ¡ Uchina, Uchina ! " una voz le reclama,
               espectros del tiempo traspasan los mares,
               invaden los campos, alcanzan los Andes
               y aún en la selva,clamores nocturnos
               pasean su canto y surge a lo lejos
               la eterna pregunta: 
               ¿por qué la distancia? ¿por qué la nostalgia?
               Transporta su mente, allá donde nadie
               percibe sus pasos ni evoca su nombre; 
               camina otra vez los campos sombríos,
               la noche de Nago protege su sombra,
               más todo ha cambiado,no encuentra la casa,
               la tierra es ajena, son otros los rostros 
               de aquellos que pueblan 
               sus campos amados.
               Y entonces comprende que todo es un sueño, 
               y cruel, la fatiga, lo envuelve en el llanto
               que asoma a sus ojos, cansados de tanto 
               mirar en la bruma de un pueblo distinto. 
               Inclina la frente, vencido en la lucha, 
               "Uchina, Uchina", musita su canto 
               de amor por la tierra; 
               dolor y quebranto laceran su alma,
               los niños crecieron, la amada no está; 
               cargando recuerdos, recorre caminos 
               que el tiempo algún día tendrá que borrar...

                                             
NAGO -OKINAWA...(foto de localweb.oakhall.org.)

               Perdona que ahora invada tu sueño, 
               no quise inquietar tu eterno descanso, 
               más siento que hay cosas
               que aún no comprendo ...
               tal vez no hubo tiempo,te fuiste tan pronto, 
               quizás es que siento pasar por mi mente
               tus mismas nostalgias; 
               Tu Patria y la mía envuelven la historia
               de dos que repiten el mismo destino: 
               cruzamos los mares dejando a la espalda 
               la Tierra adorada,
               tú nunca volviste a tu Uchina querida,
               yo sigo en tu Patria,añorando a la mía...

                 




*          UCHINANCHU= Okinawense.
**       UCHINA= Nombre original de Okinawa-Ken.
***     NAGO= Provincia de Okinawa,donde nació mi padre,Higa Bunkiku , a quien dedico la presente historia .
****  FURUSATO= Terruño; la tierra de origen de una persona.                                
     
      
     

jueves, 17 de enero de 2013

EL ÚLTIMO TRANVÍA EN LIMA

EL ÚLTIMO TRANVÍA EN LIMA

    

YAMANOTE LINE DE TOKYO

                    Hoy ví una noticia proveniente de Tokyo: después de muchos años, la Línea Yamanote inauguraba vagones nuevos con el color verde de sus inicios; la importancia que tiene este tren eléctrico para los tokiotas, radica en el itinerario que posee. La Línea Yamanote recorre los principales distritos de Tokyo en un círcuito cerrado y en los dos sentidos y lo más importante es la frecuencia de un tren a otro; las personas no se preocupan si pierden un tren porque saben que en contados minutos (2.5 min. en hora punta y cada 4 min. en horas normales), otro viene por ellos, de este a oeste, de sur a norte, los vagones se suceden en una continuidad envidiable, como serpientes que tragan y vomitan a la gente en cada estación.

ESTACIÓN VILLA EL SALVADOR,LIMA-PERÚ

                    Para el común de la gente en Tokyo, subiendo y bajando todo el tiempo de los trenes  -en esa inmensa maraña del sistema ferroviario, con líneas privadas y públicas-  puede no significar mucho la visión de los vagones recorriendo la ciudad continuamente, pero yo vengo de un país tercermundista, donde una sola línea de tren eléctrico, ha demorado, no años si no DÉCADAS, en hacerse de una realidad a medias, tras falsas e irresponsables promesas populistas de los gobiernos de turno y que hoy se trata de parchar con "mejoras" en el transporte masivo de pasajeros, colocando autobuses que no terminan de convencer a la sufrida población limeña.

TRANVÍA LIMA-CHORRILLOS

                    Y viene a mi memoria el recuerdo de un día, en el desaparecido tranvía Lima-Chorrillos y lo que marcó ese día en mis recuerdos es el hecho de que fue en la fecha que los tranvías de Lima y Callao daban por terminada sus operaciones y fue algo así como el  "debut y despedida" de mi experiencia con ese medio de transportes en la Ciudad Capital.

TRANVÍA ACOPLADO LIMA-SAN MIGUEL

                    Mi hermano Bunjiro llegó a casa y me preguntó si alguna vez había subido al tranvía; en realidad ni siquiera los había visto, si no fuera en dibujos y fotografías. Él me dijo que aquel día, era el último en que circularía la línea Lima-Chorrillos y me invitó a recorrer un tramo para que tuviera el recuerdo del tranvía... ¡ y vaya que lo recuerdo !  Subimos al tranvía en un paradero de Barranco y nos dirigimos al vecino distrito de Chorrillos, paseamos un rato por el Malecón, comimos algo en la playa mientras observábamos a los pescadores artesanales del lugar y luego emprendimos el regreso a casa.

TRANVÍA LIMA-CALLAO (vista en la Av. Sáenz Peña del Callao)

                    Recuerdo que al volver, me puse muy cerca del conductor del tranvía para observar lo que hacía; la imagen que quedó plasmada en mi retina fué el de un señor de edad muy avanzada (en realidad , yo era muy niña y toda la gente mayor parecían viejos para mí)  y lo curioso es que trabajaba de pie, es decir, el conductor no tenía asiento y parecía un soldado de guardia, con la mirada al frente.

Con dirección al Callao

                      No recuerdo haber visto el paisaje por las ventanillas, pues me pasé todo el trayecto del viaje observando al conductor y los pocos movimientos que hacía; percibía algo semejante a la tristeza... ¿quizás nostalgia? ... en la expresión de su rostro, aunque entonces terminé por olvidar aquello; después de todo, era una niña disfrutando de mi primer y último día en el tranvía. Sólo al pasar el tiempo recordé a aquel anónimo señor y el recuerdo se humanizó en mi memoria. También era su último día por las calles de Lima en un tranvía que tal vez había recorrido por años y al que no volvería al día siguiente..., su rutina cambiaría, le aguardarían otros retos... ¿tendría otro  trabajo esperándole?...

RUTA CINCO ESQUINAS-PLAZA SAN MARTÍN

                    Pienso que en el día a día de nuestras vidas, nos encontramos con miles de personas de las que no sabemos nada y tampoco nos importa y esas personas dejan de ser reales en nuestra memoria y sólo son imágenes difusas de nuestros recuerdos; de aquel conductor no sé nada,  era tan solo un hombre al frente del tranvía, pero imagino que tenía una vida, una familia, sueños truncados... y yo para recordarlo, aunque sea de este frágil modo.

                    Algunos años después hice mis estudios secundarios en el distrito de Barranco y en la Avenida Bolognesi aún podía ver sobre la pista de asfalto  -donde ahora recorrían autos y motocicletas-  los restos metálicos de lo que fue la vía por donde alguna vez se deslizó el recordado tranvía Lima-Chorrillos.

LIMA-CALLAO (vista a la altura de la Plaza 2 de Mayo)

                    Han pasado unas cinco décadas desde entonces y de aquellas calles que recorría el tranvía poco o nada queda, las actuales obras municipales en pro de una Lima Metropolitana más acorde con estos tiempos, van destruyendo el paisaje urbano de aquellos días, especialmente en lo que se refiere a mi añorado distrito de Barranco, uno de los pocos que han conservado su arquitectura casi colonial y estructuras de principio de la República y que hoy vé con impotencia, las heridas que infligen a su ciudad los funcionarios de turno. Pero esto es tema para otra nota.

BUNJIRO

                    Bunjiro murió hace algunos años en Perú y no pude despedirme de él, que fué ese hermano especial de mis años infantiles, responsable de que en mi vida hayan quedado recuerdos como aquel del último tranvía y  aunque nunca se lo dije, fueron estas pequeñas salidas cómplices, momentos imborrables en mi memoria y de algún modo, alimentaron mis ansias de saber más del mundo exterior, fuera de las tapias que encerraban mis días en el campo.



PASAJE OBRERO (para cuatro viajes al día)

                    Mi primo Morío ha pasado la mayor parte de su vida en la ciudad y escribe unas notas primorosas sobre la Lima antigua y yo me nutro de sus experiencias y sus recuerdos. Rescato en esta crónica, algunas fotos que él ha publicado en su Facebook y con su permiso, quiero compartirlas con ustedes.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

RECUENTO DE LA MEMORIA, EN DICIEMBRE

RECUENTO DE LA MEMORIA,  EN DICIEMBRE

                      

                     A seis días de finalizar el año 2012, y luego de infructuosos intentos por querer arreglar mi ordenador, he tomado prestado otra computadora para reabrir este blog que no pensé  abandonar por tanto tiempo. Pido disculpas a mis eventuales lectores por la demora.

                      Es posible que resulte de alguna forma lógico y predecible lo que se puede escribir en un mensaje de fín de año  -todos decimos casi siempre lo mismo-; la idea es reciclarnos mentalmente para mirar con emocionada expectativa todo lo bueno que nos depara el futuro, porque ya no se trata de lo que nos espera en este próximo 2013, tal parece que el inicio del año fuera a la vez, el comienzo de una nueva era que ha de durar eternamente, por todos los planes que solemos trazar (..."a partir del 1 de Enero..." ) y que sabemos de antemano, fueron casi los mismos del año anterior; pero como fieles en el confesionario, hacemos un "mea culpa", rezamos un acto de contrición y nos lanzamos al camino, optimistas y seguros de haber oído bien aquello de ... "vé con Dios y no vuelvas a pecar..."

                    Pero yo no quiero escribir acerca de las  " listas de intenciones " para el Año Nuevo, lo mío son los recuerdos, las cosas que vienen a mi mente cuando acaba el año; mi recuento de Diciembre tiene que ver con todos los meses, de todos los años que puedo recordar en casi seis décadas de existencia y que hoy recorro con la inquietud de perderme en el laberinto de mis recuerdos más profundos.

                    Sucesos personales en los últimos días, me hacen temer la proximidad del deterioro lento pero inexorable, de mi memoria (en otros tiempos, uno de mis mayores motivos de orgullo); supongo que son las consecuencias del paso de los años que en algún momento nos pasa la factura. De cualquier forma, aquí estoy, intentando dejar un testimonio escrito del camino recorrido hasta hoy.

                    Hago un viaje retrospectivo para encontrar mis primeros recuerdos de "Año Nuevo" y no resulta difícil: esperar en la penumbra del patio de la casa a que el reloj marcara las doce de la noche, ver el cielo iluminándose de lejos con los fuegos artificiales que encendían los vecinos y luego nosotros -a falta de cohetecillos y bombardas- quemábamos un gran muñeco hecho de la ropa vieja que juntábamos para la ocasión, como un ritual pagano para convertir en cenizas al "Año Viejo" que  -para variar- no se había portado muy bien con nosotros. Luego del holocausto doméstico, nos deseabamos tibiamente  "felíz año nuevo"  y nos ibamos a la cama a dormir, satisfechos de haber neutralizado con el fuego purificador, las malas vibras del año que acababa de morir. Algunas veces, comimos las doce uvas de la suerte y otros tantos rituales locos de fin de año, lo que no tuvimos fueron los brindis con champagne, porque papá era abstemio y no permitía el ingreso de alcohol en la casa (a menos que fuera el del botiquín de primeros auxilios, jajaja).

                  Recordaba entonces que no siempre fué así, que en mis primeros años, la familia de mi madre se reunía en casa de los abuelos Shimabukuro y llegaban todos los tíos y primos en un día predeterminado de Enero para celebrar, muy al estilo japonés, la reunión familiar  del año, saboreábamos platillos de comida y dulces de Okinawa, los pequeños jugábamos, los jóvenes conversaban cosas de adolescentes, los adultos hablaban de trabajo y de nostalgias por la lejana Patria y no necesitábamos de extraños, porque ya en aquel entonces, la familia Shimabukuro tenía entre abuelos, tios y sobrinos, alrededor de cincuenta miembros  (...y pensar que al principio fueron sólo dos, bajando del barco...). Luego de la muerte de mi madre, no recuerdo haber asistido más a esa clase de encuentros familiares.

                   Cuando me hice madre, mis hijos tuvieron en los primeros años, la oportunidad de reuniones familiares en la casa de su abuela paterna, al estilo de "la familia" de Pimpinela. Luego, llegaron los tiempos de Japón y nada volvió a ser lo mismo. Los hijos fueron creciendo, formaron su propia familia y se lanzaron en lo que yo llamo  "la diáspora familiar". Trato de ser optimista y aún sueño con un reencuentro de Navidad y Año Nuevo con todos mis hijos y nietos, pero sé que las distancias geográficas siempre serán difíciles de acortar; diseminados en este vasto mundo, hoy sólo el correo electrónico y las redes sociales me permiten acercarme a sus hogares y capturar sus imágenes, para sentir de ese modo, que aún formo parte de sus vidas, como ellos lo son de la mía. Pero en este punto, no hay reclamo ni lamento, sólo nostalgia. Es lo que la vida nos dá y nos quita a la vez y ellos saben que desde el fondo de mi corazón, mi felicidad es saber que poco a poco, todos van encontrando su lugar en esta tierra y si son felices, yo estoy doblemente felíz por ellos.

                   Este Año Nuevo, pido porque el hogar de todos y cada uno de mis hijos y nietos, se inunde de amor, paz y bonanza y no quiero que cambien nada, ellos ya son maravillosos.

                 Pero un anhelo tan personal debe tener un efecto multiplicador, porque el  "efecto mariposa"  afecta a todos; los deseos de Año Nuevo, se extiende a cada persona que interactúe con ellos; y las buenas vibraciones permiten que esta solitaria mariposa, hoy aletee entre penas y alegrías, para que el aliento de mi cariño vuele a través de océanos, campos y ciudades del mundo, y llegue en forma de brisa o de viento a todos los lugares por donde pase, llevando este amor que se acrecienta, a pesar de las distancias.



                                                ¡FELÍZ AÑO NUEVO PARA TODOS!

                   
                        

lunes, 19 de noviembre de 2012

CORREOS MANUSCRITOS...¿COSA DEL PASADO?

CORREOS MANUSCRITOS...¿COSA DEL PASADO?

                           Ocurrió hace más de cuarenta años, pero lo recuerdo como ayer. Un día cualquiera, me encontraba hojeando una vieja revista mejicana que llegó a mis manos de manera casual y me encontré con una página dedicada a la búsqueda de nuevos amigos en los países por donde circulaba la revista en mención. Por una suerte de inspiración súbita, tomé lapicero y papel y escribí a la revista, dando mis datos personales y solicitando la amistad de quien tuviese a bien responder a mi inquietud. Al pasar los meses, olvidé el asunto y seguí con mi vida.

                    Un día, estaba realizando un trabajo de investigación en el curso de idiomas y fuí en busca de cierta información a la oficina de Correos de mi localidad. La administradora del lugar, al preguntar mi nombre, se sorprendió de la extraña casualidad que suponía mi presencia en el lugar, porque justamente aquel día había decidido devolver al remitente, una carta que había llegado a la oficina un tiempo atrás y que estaba dirigida a mi persona. Muy felíz, me hizo entrega de la carta, que llegaba desde España... ! la primera carta de mi vida !. Al fín alguien me respondía a la solicitud -casi olvidada- de amistad internacional. Esa misma noche respondí a  la misiva de mi nuevo amigo.

                     Al llegar a la oficina de Correos para depositar mi carta de respuesta, la encargada me sorprendió con otra que venía esta vez de Nueva York y la escribía un joven colombiano de nombre Jorge Humberto Patiño L. De alguna forma supe que aquella carta sería el comienzo de una amistad muy especial y le respondí de inmediato.

                    El número de mis corresponsales fueron en aumento y procedían de diversos países: México, Panamá, Puerto Rico, República Dominicana, Colombia, Curaçao, Aruba, Venezuela, etc.etc. hasta alcanzar la suma de 42 personas -la mayoría jóvenes como yo- que deseaban intercambiar ideas, postales, fotografías, sellos postales, en fin, todas aquellas cosas que nos era tan afines en esa edad. Algunos escribían con cierta regularidad, otros, sólo de vez en cuando, pero hubo algunos casos en que se volvió una rutina semanal, lo cual es mucho decir, teniendo en cuenta lo lento que es el correo en la mayoría de países de habla hispana. Durante varios años , no hubo día en que no encontrara al menos una carta de uno de mis nuevos amigos en mi buzón de correo. Me nutría de historias y de hermosas imágenes de lugares que tal vez jamás conocería, me enteraba de sus vidas y sueños, lloraba con sus penas y reía con sus logros; fué realmente una época maravillosa. Con el transcurrir del tiempo, las nuevas obligaciones en la Universidad a la que había ingresado absorvian mi tiempo y las cartas fueron espaciándose hasta perder todo contacto con mis corresponsales. Una mudanza intempestiva de casa me hizo perder los nombres y direcciones de todos ellos y de ese modo, la esperanza de reiniciar la comunicación , allí donde lo había dejado.

                       Al pasar los años, hubo cambios increíbles en la comunicación y el Internet nos abrió nuevas puertas con la llegada de las redes sociales a nuestras vidas. Encontré en el Facebook algunos nombres de entonces que recordaba  y escribí con la esperanza de volver a comunicarme con algunos de ellos, pero nunca obtuve respuesta; cuarenta años no pasan en vano...

                     Pero hubo un nombre que nunca olvidé: JORGE PATIÑO, aquel colombiano que vivía en la 4ª Avenida de New York y cuyos sueños de estudiar Medicina en la Universidad de Nueva York, lo llevaron lejos de su Patria, al lado de su madre y un hermano mayor. El intercambio de larguísimas cartas y de postales neoyorkinas y peruanas podría haber dado varias vueltas al mundo, si pusieramos imaginariamente cada hoja al lado de la otra; era como encontrarlo cada tarde y sostener una conversación frente a frente. Era como tener un diario de mi vida donde volcar mis alegrías, mis penas y frustraciones y pienso que a él le pasó lo mismo.

                  En algún momento me habló de amor y yo le respondí que esas cosas no se daban en la realidad y que habíamos llegado al punto en que nuestra relación no era el de amigos pero tampoco de amor, yo lo llamé  "una amorosa amistad"  Jorge lo entendió así y a partir de ese momento, pudimos ser más sinceros en nuestras conversaciones. Seguimos contándonos de todo, pero con el agregado de exponer realmente nuestros pensamientos y sentimientos y tener todo en su lugar. Supe de sus romances frustrados y él se enteró de mi primer desengaño amoroso con un compañero de la Universidad y era como llorar en su hombro y saber que él siempre estaría allí para consolarme. Tal vez algunas personas no lo entiendan, pero era una forma de amor que no se contaminaba con las mezquindades del mundo exterior. Dejamos  de comunicarnos hace muchos años pero aún conservo la última tarjeta que me envió por el Día de San Valentín... y aún lloro al recordarlo.

                   No sé si aún me recuerda, no sé si cumplió sus sueños, pero anhelo con todo mi corazón que sea felíz , allí donde se encuentre y por todo lo que significó en mi vida, espero que Dios le colme de bendiciones.

                  Es posible que la nueva generación no entienda ya de estas cosas, las redes sociales son rápidas e inmediatas para el intercambio de ideas y resultan prácticas en una sociedad que parece correr todo el tiempo (aunque a veces no se tenga idea de cuál es la meta que debieran alcanzar), la gente de hoy en día no sabe de la emoción que se siente al plasmar sus ideas de puño y letra y preguntarse que sentirá la otra persona al recibirla; no vivirá la inquietud de esperar la siguiente misiva y de abrir las cartas con mensajes y dibujos hechos al azar, donde encuentras, no sólo palabras, si no todo el sentimiento puro de alguien que dejó todo de lado, para brindar un poco de su tiempo  y dedicarlo a tí; tocar las hojas y sentir el calor de la mano amiga, que la tuvo antes entre las suyas... son experiencias que no dá un ordenador en esta era cibernética.

                 Hoy utilizo un ordenador, como la mayoría de personas que deben adaptarse a los cambios que la ciencia del siglo XXI nos impone, pero tengo la alegría de pertenecer a una generación que vivió una época privilegiada en las relaciones humanas, pero capaz de aceptar que algunos cambios tambien tienen sus ventajas... aunque no pueda evitar la nostalgia por los tiempos vividos.


viernes, 17 de agosto de 2012

DE EXPERIENCIAS PARANORMALES...cuando se deja de temer a la muerte.

DE EXPERIENCIAS PARANORMALES... cuando se deja de temer a la muerte.

                                     Era Agosto de 1958 y yo tenía cinco años. Mi hermanito Roberto tenía casi tres meses de edad y era un rollizo bebé, muy activo y saludable y a falta de una muñeca, a mí me encantaba jugar con él como si fuera un muñequito de carne y hueso; pero cuando jugaba con él, los ojos se me desviaban siempre a una cuna donde había otro bebé con quien no podía jugar. Se llamaba Luis, tenía dos años y por alguna razón siempre estaba allí, echado cuán largo era, sin hablar y sin moverse; había nacido cuadrapléjico, pero eso es tema que no lo sabría hasta muchos años después. Y fué entonces que tuve mi primera noción de la muerte. Luisito enfermó y murió. De aquel suceso sólo me quedó la imagen de los candelabros de pedestal que rodeaban su pequeño y blanco ataúd que, a manera de grandes cirios, iluminaban sus restos. A mi hermana Akemi y a mí, no nos permitieron permanecer en el velorio, pero ambas nos arreglamos para escapar del dormitorio y atisbar por una ventana lo que ocurría en el velatorio.

                            ¿Cómo asimila una niña de cinco años el concepto de "muerte"?. Lo que recuerdo es la sensación de ausencia inmediata; de pronto, Luis no estaba más, había desaparecido de casa y de nuestras vidas. Pero éramos tantos en la casa, que pronto acepté lo sucedido con la inocencia de mis cinco años. Con el tiempo supe que antes de Luis, hubo otra hermanita llamada Teresa quien había fallecido a corta edad, razón por la cual, no la tenía en mis recuerdos. Y pasaron cuatro años más hasta que la sombra de la muerte se posó nuevamente sobre nuestro hogar.

                           Tenía nueve años cuando murió mamá. Supongo que la edad que tenía entonces, aunado al hecho de que se trataba de mi madre, me daba un concepto más real y trágico de la muerte; de cualquier forma, acepté la nueva situación con más rapidez de lo que cabría en una niña de mi edad. Había una sola cosa que no acepté desde entonces : los cementerios, tal y como se acostumbra en la tradición cristiana. Desconocía entonces, las costumbres de otras culturas, pero  -por algún atavismo ancestral, supongo-  me preguntaba, muy calladamente,  porque no cremaban a los muertos -por supuesto, el término "cremación"  aún no se encontraba en mi vocabulario- pero supe desde entonces que jamás aceptaría un cementerio como última morada, no de la forma en que se acostumbra  en nuestra sociedad.

                         A los dieciocho años me encontraba estudiando en la Universidad y conocí a dos chicas más o menos de mi edad con las que entablé una amistad. Ambas tenían serios problemas personales y un día en que ellas, llorando hasta la desesperación, coincidieron en contarme sus respectivas vicisitudes; y yo, al no saber cómo repartirme en frases de consuelo para calmarlas, les propuse salir del claustro de estudios y caminar un poco, con la esperanza de que eso sirviera para menguar aunque fuera un poquito, sus tristezas. Nos dirigimos al centro de Lima y en el Jirón de la Unión, nos encontramos con una Iglesia muy antigua, la Iglesia de la Merced. Una de ellas propuso entrar a rezar un rato y yo las seguí casi sin pensarlo. En el interior habían muy pocas personas, yo observaba todo con curiosidad porque era la primera vez que ingresaba a ese lugar.

                                   La iglesia era muy barroca y el olor de cirios encendidos inundaba el ambiente. Constaba de una nave mayor y otras laterales; las imágenes  poblaban las paredes y las tres caminabamos sin saber en dónde detenernos. Nos fuimos por el lado derecho y observábamos los pequeños altares cuando nos encontramos con la imagen de la Virgen María -los católicos tienen representaciones de la Virgen María  ("Fátima" , "Lourdes" , "Rosario" , "Inmaculada Concepción" , etc. etc. )  en una gran variedad, según situaciones bíblicas o apariciones históricas que se han dado en el tiempo y que, en mi humilde opinión, provoca a veces confusión entre los fieles creyentes; a lo largo de mi vida me he encontrado con extrañas conversaciones de personas con temas como: "yo tengo mucha fé en mi Virgencita de Fátima"  y luego otra creyente diciendo "ah no, mi Virgen del Rosario sí que es muy milagrosa, ella siempre escucha mis peticiones", como si hablaran de distintos personajes... y así por el estilo.

                        Lo mismo ocurre con la veneración a las imágenes de Jesús en sus diferentes manifestaciones, pero como esto es un asunto de FÉ , no voy a hacer tema de debate porque no es el propósito de este artículo y la religión como tal, pertenece al discernimiento de cada quién. Así que volveré a mi historia.

                           Por algún extraño designio, mis amigas y yo nos arrodillamos ante la imagen de aquella Virgen en actitud de oración; no sé que rezaban las chicas, pero yo me puse a rezar el "Padre nuestro" y el "ave María" una y otra vez, como una letanía, sintiéndome un poco culpable por mi poca voluntad para la oración ante esa Virgen cuyo nombre particular desconocía... y entonces sucedió.

                          Levanté mi vista ante la imagen y esta se transfiguró ante mis ojos; una luz iluminó la espalda de la imagen, como si hubiera una lámpara fluorescente detrás de ella, el rostro adquirió un tono extraño, como si tuviera una textura real y fuera una persona de carne y hueso, sus ojos me miraban con un brillo especial y sus manos extendidas, se movían ante mí. No sé cuánto tiempo la observé, fascinada. Recuerdo que de sus brazos colgaban innumerables relicarios de plata -tal vez recuerdos de devotos agradecidos,no lo sé-  y estos se movian al compás de sus brazos. De pronto recordé a mis amigas y volví el rostro para verlas.

                        Les pregunté si ocurría algo raro pero en realidad, la pregunta estaba demás: ambas estaban lívidas, mirando con sus ojos y sus bocas abiertas, contemplando lo mismo que yo y asombradas, al igual que yo. Les pregunté, simulando una serenidad que no poseía en esos momentos, qué les ocurria y me fueron relatando lo que iba sucediendo ("movió la cabeza", "levantó el brazo derecho", "extendió la mano izquierda"...); mis amigas iban describiendo lo que veían y era lo mismo que yo observaba frente a mí. Luego, la luz se apagó y la imagen volvió a ser una figura de yeso, como al principio.

                        Salimos del lugar sin pronunciar palabra y ahora que lo pienso, creo que no tuvimos oportunidad de volver a hablar del asunto. Sólo recuerdo habérselo contado a un compañero de la Facultad que me escuchó en silencio, con una frialdad que me hizo pensar en su incredulidad, aunque luego me quiso aclarar que él estaba "encomendado" a la Virgen María desde su nacimiento porque su madre era "legionaria de María" o algo así y que sí creía en mi relato;  la verdad, fuí yo la que nunca más creyó en él.

                     Lo extraño de esta historia es que, veinte años después, volví a esa iglesia y busqué infructuosamente el altar menor  donde aparentemente se encontraba aquella Virgen y encontré imágenes de distintos santos, pero ninguna parecida a la Señora de mi relato... ( ¿sería la mismísima Virgen de la Merced a quien se dedicaba esa Iglesia?... ¡vaya una a saber! )

                       Siempre me he preguntado por qué nos ocurrió eso, tal vez porque desde pequeña, a pesar de haber sido educada en escuelas que promovían la religión católica y de haber cumplido con los sacramentos que me iban presentando como necesarios, en mi fuero interno, siempre cuestioné a la Iglesia como institución y mi fé se caía ante los hechos históricos y las experiencias que veía a mi rededor.

                        Unos años después murió papá y durante un tiempo, no sé si fué producto de la nostalgia pero lo vi, despierta y a todo color, en el patio de la casa que habitábamos en Santiago de Surco y en la chacra que poseía mi padre en Pachacámac. En realidad, no fuí la única que volvió a verlo o escucharlo, pero eso es materia para otro artículo. En su propia religión, se dice que el alma de los difuntos tardan cuarenta y nueve días en recorrer su camino hasta el destino final que le corresponde. De cualquier forma, pudimos verlo dentro de esos cuarenta y nueve días.

                       Un par de años después, sufrí un pequeño accidente al caer de un autobús en marcha y en esa fracción de segundo que duró mi  caída, antes de impactar mi cabeza contra el asfalto, pude ver las luces de los autos que venían hacia mí, pensé que me arrollarían  y que había llegado el momento de mi muerte. Lo que siguió fué un fenómeno experimentado por muchas personas: pude ver y sentir otra vez, mi vida completa, pero en regresión, hasta llegar a mis primeros recuerdos. Algunos expertos le dan una explicación muy científica al tema de "la película al revés" que experimenté en aquella ocasión, pero yo no voy a desgastar la materia gris de mi cerebro, tratando de encontrar las razones de lo sucedido.

                        Y  aquí viene "la madre del cordero", la razón principal de esta crónica y mi historia favorita. Quiero aclarar que este y todos los artículos que publico, son hechos reales, tal y como ocurrieron - a menos que mencione testimonios de otras personas, de quienes reproduzco sus relatos, sin menoscabo de la buena intención de quien lo narró ni de la que escribe. Cuando entre en el terreno de los relatos de ficción, me encargaré de informar a los lectores.

                        La siguiente historia ocurrió cuando yo tenía veintitres años de edad y acompañé a unos familiares a la zona de emergencia del Hospital Militar de Lima-Perú. Los pormenores del caso que me llevó a ese Hospital, aunque tenga relevancia para mí , no es el tema de la historia, por lo que lo voy a obviar. Lo cierto es que, estando en la sala de recepción de Emergencia, sufrí un problema con mi presión arterial, lo cual era un tema recurrente en mí; desde muy niña, sufría de presión baja y solía desmayarme por  los más simples motivos que, en determinado momento, me pudieran afectar o impactar. Normalmente, me mantenía firme ante situaciones fuertes y estresantes para la mayoría de personas, pero a veces me desvanecía por nimiedades cuando nadie lo esperaba. Aquel día fué el fuerte olor a medicinas y desinfectantes que me provocaron naúseas y que, lógicamente, yo trataba de manejar con discreción.

                        Me avergonzaba de hacer saber a la gente, la poca tolerancia que tenía a los olores fuertes; desde que yo recordara, sufrí por muchos años de bronquitis asmatiforme y diversos problemas relacionados al aparato respiratorio y siempre estuve atiborrada de medicinas que me curaron superficialmente, pero me dejaron obstruída, hasta la fecha, los senos cavernosos de mi cara, algo que ni los médicos japoneses aquí, reconocen como sinusitis, pero que aparentemente, no consiguen sanar. Hasta hoy y desde siempre, a la menor señal de gripe, el asunto se empeora... pero este tampoco es el tema.

                        Aquella noche, perdí el conocimiento en medio de la sala de recepción de Emergencia, según me contaron después, mis manos se agarrotaron, mis ojos se pusieron en blanco y todo mi cuerpo parecía luchar por despertar. Lo cierto es que en esos momentos yo no estaba allí: había sido lanzada al espacio, volaba desnuda, sintiendo un vientecillo muy fresco y agradable recorriendo toda mi piel, pero no volaba a voluntad, la sensación era como si estuviera parada sobre la cabina de un camión muy alto que se deslizara a mucha velocidad -realmente, a una gran velocidad- y el cielo era un espacio completamente oscuro, sin nubes ni estrellas y la pista por donde me desplazaba, era una banda de luz blanca en vez de una carretera de asfalto y cemento. Al final había un punto muy iluminado a donde yo iba. Sentía paz, felicidad y no existía más dolor ni mareo, ni náuseas, nada que sugiriera la presencia de malestares físicos y algo me decía que al final de esa luz estaba el lugar de la felicidad absoluta. Todo el recorrido estuvo bien hasta que una voz muy terrenal gritó mi nombre al oído y otra vez estaba de vuelta en la sala de Emergencias.

                           Abrí mis ojos y veía los rostros de la gente muy distorsionados, como si  estuviera dentro de una campana de cristal y la superficie cóncava deformara todo lo que tenía alrededor; luego,volví a cerrar los ojos y me dediqué a oír lo que sucedía. Una enfermera gritaba que yo no podía estar viva  porque no había pulso ni presión arterial. El médico dió una orden y yo fuí sujetada con correas a una camilla y puesta de cabeza, mientras ordenaba una buena dosis de codeína  y  coramina( o algo así ). De pronto, sentía la aguja de una hipodérmica, atacando mi cuerpo inmóvil... y todo eso sucedía mientras la enfermera insistía en que el tensiómetro marcaba "0". Finalmente, abrí mis ojos y el médico me miraba con un tremendo orgullo, luego me indicó que podía descansar media hora y estaría lista para volver a casa. El problema fué que una enfermera - al parecer,una novata -  no fué muy hábil al colocarme una de las inyecciones y me dejó una cojera que demoró varios meses en curarse (afortunadamente, ese problema no dejó secuelas).

                        Tardé varios meses en atreverme a contar mi experiencia en esa especie de "viaje astral" que hizo mi espíritu, desprendiéndose de mi parte carnal y sólo obtuve  burlas de quienes me escucharon por lo que, finalmente, decidí callar lo sucedido.Unos años después (no recuerdo con precisión el tiempo transcurrido),llegó mi hermano menor,Roberto,de visita a mi casa y me contó de una película  que vió aquella noche en el cinema, en Avant Premier y se titulaba algo así como "Vida después de la vida" y que mostraba  testimonios de varias personas que habían tenido experiencias parecidas a la mía, especialmente - me dijo entonces - una de las historias era casi igual a tu relato..." me llené de emoción al oirlo, Roberto había sido la única persona que que no se había reido de mí, en aquel entonces. Entonces supe que ya no callaría más, porque no había verguenza en lo ocurrido y no estaba sola en ese conocimiento, otros como yo, lo habían experimentado tambien.

                         Desde entonces, me reconcilié con la muerte; ella no es más esa señora de negro con larga guadaña que tanto asusta al común de la gente, es el ángel de la luz que me ha de encaminar a mejores senderos. La gente se aferra a su tierra , sus  posesiones materiales, su mundo plástico; los tiranos expanden sus fronteras y libran batallas para obtener más riquezas, sabiendo en el fondo que ante la muerte, todo se queda aquí y nada se transporta al otro lado de la Luz. Pero esto es algo que cada quién debe experimentar, yo regresé para dar mi testimonio y ,al margen de las creencias que profese (...o no profese ) cada persona, esto es lo único de lo que puedo dar fé sin temor a equivocarme, el Sendero de Luz existe, yo lo recorrí. 

                       

jueves, 26 de julio de 2012

RETRATO DE UNA APÁTRIDA...(O CIUDADANA DEL MUNDO) Parte 4

RETRATO DE UNA APÁTRIDA... (O CIUDADANA DEL MUNDO)   Parte 4

                     Yo tenía dieciocho años y empezaba mis estudios en la Universidad. No sabía cómo manejaría la situación a partir de allí; era conciente de que todo sería diferente a lo que había vivido hasta entonces. Había pasado  toda mi vida en el campo, con un mínimo de contacto social y era la primera vez que estudiaría en un grupo mixto. De todas las amigas del colegio que postulamos a la Universidad, sólo Renée y yo habíamos ingresado aquel año y nos volvimos inseparables. Me costaba un poco relacionarme con el resto de mis compañeros, así que fué más fácil para mí, acoplarme al nuevo grupo de amigos de Renée. Era un grupo pluricultural venidos de todos los rincones del país, cada quien con sus usos y costumbres; por ellos supe que el Perú milenario era una amalgama de pueblos diversos, unidos en una bandera, pero no exactamente iguales.

Las clases sociales, la diversidad racial, las vivencias personales,... todo era nuevo y enriquecedor para mí; Kike era  de Lima, rubio y de ojos azules; Renée una sexy morena, amiga de mi vecindario; Marco, un callado indígena de Junín; Carlos, chiclayano formado en una Escuela Militar del norte del país,... venían de costa, sierra y selva, cada quien con su propio y peculiar forma de manejar el idioma español... y que puedo decir de mí, criada toda mi vida en la Capital, pero siempre en zona rural, con el agregado de proceder de una familia japonesa muy tradicional, con todas las cosas buenas y malas que ello implica.

                      En el grupo de amigos, éramos solamente dos "nikkei": José y yo; y casualmente compartíamos un apellido en común, razón por el cual, fuimos declarados "primos" y a partir de entonces nos hicimos parientes circunstanciales y nunca más nos llamamos por nuestros verdaderos nombres, siempre fuimos "primo" y "prima". Era un magnífico amigo, siempre mesurado y discreto y me hacía recordar a mis verdaderos primos y a los hermanos que tenía en casa.

                     Un día le pregunté a papá, qué opinaba de la discriminación racial que observaba yo en el ambiente del mundo "nikkei"de nuestro país; me respondió con otra pregunta: "¿por qué?...¿ya tienes enamorado?". Yo me eché a reir, pero luego tuve que ponerme seria para explicarle mi preocupación por las decisiones que tomaría al respecto, porque empezaba a tener amigos y eso significaba que tendría posibilidades de encontrar en algún momento a alguien que me interesara personalmente y que si en casa había problemas de racismo, no me gustaría tener que enfrentarme a él por ese motivo, recordándole que mi único amigo "nikkei",José, no me gustaba ni yo a él, a pesar de mantener una buena amistad. Papá me tranquilizó cuando me dijo que, si bien la mayoría de parientes y amigos japoneses que tratábamos eran racistas, él entendía lo que ocurría alrededor y que siempre dejaría que cada uno de sus hijos tomara su propia decisión al respecto.

                    Mi preocupación se basaba en el hecho de que, una gran mayoria de los japoneses de primera generación y hasta los hijos de ellos - a pesar de haber nacido en el Perú-  conservaban ese "estilo de pensar" (por decirlo de algún modo) y evitaban relacionarse con personas que no fueran de su misma etnia; hasta tenían una palabra para definir a los que no eran de familias japonesas, se les llamaba "dojin"(pronúnciese como en inglés) y los japoneses de antaño recurrían a diversos métodos para conseguir sus propósitos. Los casos de segregación racial, suelen ser ocultados en estos tiempos en que, a Dios gracias, la tercera y cuarta generación de "nikkei" en Perú se vá deshaciendo de tales prejuicios.

                   Una de las costumbres más populares de antes era la intervención de los padres a la hora de encontrar parejas, lo cual no es un atributo de los japoneses; lo encontramos en diversas culturas a través del tiempo. Los reyes europeos de la Época Antigua y Medioeval, sellaban alianzas políticas casando a sus hijos, sin preguntarles su opinión. Y hasta nuestros días, muchas culturas del medio oriente y el África, celebran matrimonios concertados por los miembros prominentes de cada familia y niños y jóvenes son arrastrados desde su nacimiento a una vida conyugal que no desean.

                      Cuando la gran Migración Japonesa se dió en el Perú, en los albores del siglo XX, fueron pocos los que llegaron con una familia constituída, la mayoría eran varones solteros (o con esposas que quedarían olvidadas al otro lado del mundo) y en el transcurso del tiempo, fueron formando sus propias familias en el país anfitrión.Y... he allí el comienzo del problema. Muchas jóvenes solteras llegadas de Japón o nacidas en el Perú eran presionadas para que se casaran con miembros de la comunidad japonesa, por ese afán de no perder ni sus raíces ni sus costumbres, tal vez porque se pensaba que algún día regresarían a Japón y sería menos complicado si mantenían la "pureza" de su etnia. Ahora suena extraño,¿verdad?.

                      Les voy a contar algunas historias al respecto: Una joven "nikkei" se enamoró de un "dojin" o "perujin" para ser más académicos. Los padres, al enterarse se escandalizaron y decidieron casarla con un amigo del padre -japonés como él- que estaba buscando novia para formar su propia familia. La chica tenía 17 años y aquel señor, algo más de cuarenta. Al negarse, la muchacha fué encerrada en una habitación donde fué forzada sexualmente por el "prometido"que eligió su padre y lo que siguió unos meses después fué una maravillosa boda,donde todos los comensales-ignorantes de lo ocurrido- expresaron su alegría por la "felíz" elección de la novia. Hoy esta desdichada joven, es una abuelita de setentaytantos años  ,cuyos hijos y nietos,posiblemente ignoren lo ocurrido en aquellos ingratos tiempos.

                          Conocí a otra señora, que se casó por decisión de su padre cuando era una adolescente y tan inocente como una criatura de cinco años, porque ,créase o no,jamás habia sido instruída en los conocimientos mínimos sobre el matrimonio y especialmente, en lo concerniente a sus deberes conyugales en la cama. Esta señora me contó de la forma brutal como fué violada por su propio marido en la noche de bodas y en los años subsiguientes,simplemente porque a nadie se le ocurrió que debía saber del tema sexual hasta   que lo experimentara en carne propia. Treinta años después, aún revivía la experiencia, sin salir del shock traumático de entonces. Como en el primer caso, tuvo muchos hijos y nietos y a veces me pregunto si alguna vez,esos hijos supieron por lo que ella pasó, quizás habrían entendido esa tristeza infinita en sus ojos, que la acompañó hasta su muerte, ocurrida hace unos años.

                      Hubo muchos casos donde la opción para resolver el problema fué la fuga, especialmente si la novia era quien provenía de una familia japonesa. Algunas fueron posteriormente "perdonadas" y otras, eternamente censuradas por el pecado de decidir por sí mismas, dónde y con quien estaba su verdadera felicidad. Para los varones "nikkei" hubo más tolerancia si optaban por una pareja peruana, aunque los antiguos japoneses, seguían reticentes ante la necesidad de aceptar esa mixtura que hoy por fortuna, va superándose con el tiempo.

                      Ya no quedan muchos de los que sufrieron tales incovenientes en aquellos tiempos y es posible que haya quien me critique por sacarlo a colación en este artículo, pero sólo he contado dos de innumerables casos, de los cuales tuve conocimiento en mi juventud. Hoy la historia es distinta, las asociaciones y clubes de la colonia "nikkei" en el Perú, no son más agrupaciones excluyentes, ahora buscan integrar a toda la sociedad peruana, porque esta es la realidad que se vive, no somos más japoneses y/o peruanos, todos somos PERÚ, orgullosos de nuestras raíces, sí, pero más felices porque formamos una sola Nación y que respetamos la bandera rojiblanca con el sol naciente de nuestros ancestros pero nos acunamos en la nuestra, la bandera -tambien rojiblanca- de nuestra Patria, nuestro amado PERÚ.

                  El Perú está de Aniversario; mañana,  28 de Julio, se cumplen 191 años de la Declaración de Independencia del Perú, 191 años como país soberano; con muchos altibajos y con muchas luchas intestinas en su haber, pero un país orgulloso de su pasado, de su presente y del reto que significa el futuro que construimos hoy para nuestras nuevas generaciones. Hoy más que nunca, entendemos lo que significa la peruanidad. Y no tiene nada que ver con razas ni orígenes étnicos, somos peruanos y punto. Somos esa hermosa conjunción de fuerza pujante y trabajadora que quiere realmente una Patria libre, sin intromisiones externas que pretendan importarnos ideas ajenas y que nada tienen que ver con esta lucha dramática que vive día a día el pueblo peruano para sacar adelante a su familia, a su tierra y a su Nación.

                     Hoy que me encuentro lejos de mi Patria, sigo soñando con el regreso; varada en este lado del Océano Pacífico, cruzo el mar en un vuelo imaginario para llegar a sus costas azules, camino por sus calles grises, pongo mis pies en sus campos verdes y converso con mis vecinos, me embriago del perfume de sus flores y el aromas de sus frutas y al final inundo mis ojos con lágrimas y nostalgia por el inmenso orgullo de haber nacido en Perú. A todos mis compatriotas, ¡Felíz día de la Patria! ¡VIVA EL PERÚ!


                

                 

martes, 17 de julio de 2012

RETRÁTO DE UNA APÁTRIDA...(O CIUDADANA DEL MUNDO) Parte 3

RETRATO DE UNA APÁTRIDA...(O CIUDADANA DEL MUNDO)   Parte 3

               Hace unos días, una amiga me sugirió que escribiera sobre el conflicto minero del Proyecto Conga en la ciudad de Cajamarca  (al norte del Perú) y me dí cuenta que, a pesar de estar siguiendo día a día los acontecimientos en torno a ese problema, no sabía a profundidad los hechos de manera substancial y responsable como para emitir una opinión al respecto, tal vez por estar solamente conectada a los canales televisivos de la Capital; sentí que ya era tiempo de tomar conciencia real de los sucesos, porque estamos hablando de mi Patria, de razones y sinrazones que ha llevado al derramamiento injustificado de sangre inocente y que no necesita ser de uno, diez, o mil; las personas no deberían ser números en las estadísticas de ningun vil documento. Hay gente que queda sufriendo por las pérdidas  humanas: viudas, padres, huérfanos-  y este dolor no tiene nada que ver con la manera como se utilizan luego políticamente, porque entonces los muertos  sirven para otros fines. No es eso lo que me mueve a escribir sobre este tema; me enferma la forma en que se manosean las tragedias humanas.

                     Me introduje en el mundo del Internet;leí, escuché y ví  los argumentos de la otra parte; con "la otra parte" me refiero  a los directamente afectados, los pobladores de Cajamarca y cuyos rostros -salvo dirigentes políticos y algunos "figuretis" estratégicos de grupos alineados bajo consignas no muy claras para mí- no pueden ser vistos en la ciudad capital.

                    Soy de las personas que no suelen meterse en sentimientos políticos partidarios y no me considero políticamente irresponsable por eso. Prefiero mantener la cabeza fría para analizar hechos, sin atentar contra mi propia independencia mental. La política, como la religión, es una realidad de este mundo y como tal, se institucionaliza en grupos que deben seguir pautas prefijadas y limita la libertad de pensamientos. No es mi estilo.

                    El conflicto de Cajamarca, como tantos otros que sufre nuestro país, tiene otras raíces, todos lo saben bien, pero nadie dà su brazo a torcer porque tiene que ver con los valores humanos, tan venido a menos en estos últimos tiempos. Mientras la avaricia, el egoísmo y el materialismo sigan adueñandose de nuestras vidas, poco espacio quedará en el alma para actuar de manera responsable y sostenida en pro de este mundo que legamos a nuestros hijos... ¡ y miren qué mundo!

                     Las diferente Iglesias que conocemos -o creemos conocer- sostienen, cada una a su manera, lo que piensan que  es adecuado hacer durante el tiempo que nos toca permanecer  en este mundo y si consideramos los miles de años que llevamos en este planeta como "raza humana", el tiempo es tan corto y la tarea que traemos bajo el brazo al nacer, puede resultar algo pesada. Y no compensa ni rinde frutos si al final del camino, descubrimos que no hubo aporte positivo de nuestra parte, si no dimos lo mejor de nosotros para ayudar a mejorarlo.

                    No me refiero a las cosas materiales que dejamos a nuestros herederos, me refiero a los valores espirituales que sembramos en sus almas y que nos diferencia de las criaturas que viven sólo por instinto. Vivir en sociedad no es aprender el Himno Nacional o tomar las armas cuando los gobernantes deciden quién es el enemigo; de las batallas se crearon las naciones, es cierto, pero no todas las guerras se justifican porque las agresiones mutuas tienen consecuencias de dolor y pérdida y las víctimas siempre serán eso: víctimas. Y después de remover los escombros que la insanía de algunos provoca, al final, siempre serán pocos los que se beneficien de tanto atropello.

                   Los campesinos cajamarquinos, equivocados o nó, son las grandes víctimas de las malas decisiones de los grupos de poder -desde adentro y desde afuera-  y a estas alturas,  ¿quién les quita la desconfianza y el dolor de sentirse marginados y olvidados de la mano de Dios?. Cajamarca es sólo un ejemplo de la triste realidad nacional.

                    Todo es cuestión de principios, mi padre fué un campesino muy humilde  (por pobreza material y por cualidad espiritual), pero el recuerdo más vívido que tengo de él , es la imagen de un hombre que se levantaba antes que la luz solar iluminara la tierra, que trabajaba de sol a sol y hasta se acompañaba de la luna, si las exigencias de su calendario de riego le obligaba a ello;  -"voy a morir pobre"- decía,  -"pero muero honrado". Y ese fué su legado. Su vida fué un drama en muchos aspectos, por lo menos, es lo que yo ví en sus últimos años, pero hay cosas que considero inolvidables: su honradez fué la bandera que enarboló con orgullo cada día de su vida. Recibió críticas por eso, por no ceder al dinero fácil de negocios  "non sanctus" que le ofrecieron alguna vez, pero él era así y el ejemplo es lo que queda tatuado en la memoria de sus hijos... ¿cuántos políticos pueden guardar tales recuerdos?, porque si es así, algunos deben tener problemas de memoria, pues no aprendieron las lecciones de sus padres.

                     Al margen de la política, hay una frase que, como cosa anecdótica del Twitter quedará siempre en los registros de la memoria colectiva del país: -"¿tan difícil es caminar derecho?" -Sí,evidentemente, es difícil caminar derecho para muchos personajes de nuestra sociedad, lo triste es saber que ejercen poder, que lo utilizan mal y lo que es peor, que no les importa las consecuencias de sus yerros.

                      Esta no es una crónica política, la política es necesaria para mantener el orden de las naciones, pero lamento la forma en que se maneja en el mundo. Son los hombres los que asumen un papel  falsamente divino en la historia de sus naciones y no piensan que su pasaje por esta tierra es apenas un soplo de Dios en el vasto Universo. No creo en las Iglesias como Institución -los hombres las echaron a perder- pero creo en un Dios que evalúa nuestro paso por la tierra. Y la muerte no es tal, al otro lado del charco, algo bueno debe haber esperándome. Amén.

                     

martes, 3 de julio de 2012

RETRATO DE UNA APÁTRIDA ...(O CIUDADANA DEL MUNDO ) 2ª Parte


Más que una amiga,mi hermana de corazón,Renée Barrera.

RETRATO DE UNA APÁTRIDA... 2ª Parte 

               El artículo anterior con respecto al tema que estoy exponiendo, ha provocado algunas controversias porque -como lo dije entonces- el problema de las segregación, en todas sus facetas, es un asunto espinoso y hay sociedades que se niegan a aceptar su existencia o que en todo caso, pretenden cerrar sus ojos. Escucho a mucha gente que se refieren al tema como cosa del pasado ("ahora existen leyes","la Constitución nos garantiza nuestros derechos",etc.etc.), sin embargo, la realidad es otra.

                         Desde nuestro nacimiento, somos educados con una escala de valores, de acuerdo a las necesidades materiales y espirituales que nos rodean. Las prioridades varían de un individuo a otro y es lo que nos hace seres distintos al llegar a la adultez. Empecemos por la familia: en un hogar normal, los adultos vuelcan su amor y atención en los niños que van naciendo y van moldeando en los hijos, los hábitos y valores que consideran adecuados para su desarrollo y su posterior inserción en la sociedad a la que pertenecen. Pero estos adultos no son perfectos y en el camino van cometiendo sus propios errores, los que se ven reflejados en la actitud posterior de los niños en formación. Al pasar el tiempo, la escuela y quienes la dirigen, se vuelven una extensión del papel educador hacia los niños y jóvenes que muchas veces, se ven confrontados en los valores que adquieren de uno y otro lado; por otra parte, se van agregando otros elementos a su vida diaria: amigos, vecinos, redes sociales, medios de comunicación de todo tipo, etc. etc.

                      En primera instancia, los padres, con la mejor intención del mundo, pretenden ser dueños de la verdad en lo que respecta a qué es lo mejor para sus hijos y como tal, actúan. Los resultados varían y las consecuencias son imprevisibles. Vayamos ahora al tema racial. Si un hombre enseña a sus hijos que todo el mundo pertenece a una ÚNICA RAZA HUMANA, con rasgos físicos distintos, pero iguales al fin; y lo sostiene con hechos palpables, eso es un punto de oro para los hijos en particular y para la sociedad en general. Pero... ¿qué hacemos con un hombre que desarrolla la idea de que el grupo étnico al que pertenece y que ha sufrido siglos de oprobio y marginación, no sólo no es inferior si no más bien, es superior al resto de la humanidad?. Personalmente pienso que esta persona es peor que aquel que una vez lo marginó, porque su raciocinio sobre el tema lo lleva al otro extremo que supuestamente repudia. Así vemos el caso de este joven quien- gracias a una envidiable posición económica de la que goza su familia,en un entorno de seres golpeados por la pobreza-  accede a una educación superior que lo afianza más en una situación económicamente privilegiada. Pero el dinero no es suficiente: quiere poder y sabe que él personalmente, no conseguirá todo lo que ansía. Entonces recurre a lo que tiene a mano: sus hijos. Construye un hogar donde la prioridad es formar a los futuros líderes que le daran el poder que sueña. Pero este señor no entiende -a pesar de su nivel intelectual-  que Dios le dió por hijos seres pensantes, no monigotes para su propia diversión. Hoy, uno de sus hijos detenta el mayor cargo político en su país y él le dá la espalda porque no se somete a su autoridad de padre ni permite que domine su pensamiento y sus ideas...y todo empezó por un problema de etnias, ¿hago mal hablando de estos temas?El hijo trata de encontrar el equilibrio entre la parte positiva que recibió de su familia (que supongo,existe) y lo que su propia experiencia le enseña para ser cada día mejor persona. Así que... no todo es válido cuando se trata de la familia.

                   Cuando estudiaba en la Universidad -cuatro décadas atrás -, tuve muchos amigos de raza negra (la mención es sólo circunstancial) con los cuales pasaba muchísimas horas de alegre conversación; salía de clases... y ahí estaba ese grupo increíble de amigos, yo me unía al corro y el patio era una fiesta. No me dí cuenta de que era diferente hasta el día en que, estando todos reunidos en una gran mesa (en realidad eran varias mesas unidas para no perdernos de vista), recuerdo que se apareció el profesor Velásquez -a quien siempre veía muy formal en su clase de Literatura-. Este maestro era muy apreciado porque, aparte de impartirnos clases, tambien era Director del Teatro de la Universidad y por añadidura, actor en teatros y en la televisión local. Todo el grupo comenzó a corear su nombre, saludándolo con mucho cariño y él,muy teatral, puso una cara extraña, nos miró uno a uno y luego se dirigió a mí: "¿qué hace este lunar entre tanta blancura?"; todos estallaron en carcajadas por la pícara ocurrencia del profesor, yo sólo atine a esbozar una tibia  sonrisa y me puse a observar al grupo... efectívamente, en esos momentos resultaba un lunar en medio de todos; pero algo ocurrió entonces que cambiaría mi rutina con respecto al grupo.

                       Llegaron estudiantes negros de otra Universidad y contactaron con miembros de la misma etnia que estudiaban en la mia, entre ellos, mi grupo de amigos. Antes de que me diera cuenta, me vi envuelta en reuniones muy interesantes sobre el problema racial en el Perú. Siendo yo descendiente de japoneses, vivía mi propia problemática racial y desde pequeña, tuve innumerables amigas de raza negra y nunca les ví diferencia al resto de mis compañeras. Vivía en una comunidad muy abierta y hasta ese entonces, la discriminación racial a los negros era tema de libros de historia y no de una realidad que se estuviera viviendo en el Perú. Este grupo se conformó entonces con estudiantes universitarios de ascendencia africana, quienes fueron reclutados en un frente de jóvenes que lucharían contra los casos de discriminación racial en el Perú. El movimiento negro del Perú (ACEJUNEP), tiene ya 40 años de creada y realiza hasta la fecha, actividades relacionadas a la búsqueda de la integración real y efectiva de los negros en el Perú. Si bien no pude participar directamente con su movimiento -por razones obvias- siempre que pienso en ellos, me alegra saber que su lucha continúa y aún recuerdo cuando uno de los muchachos de aquel primigénio grupo, me dijo un día: "no importa japonesa, no puedes tener membresía en la asociación, pero serás la mascota del grupo...";no sé si debiera alegrarme o sentirme discriminada por eso, pero recuerdo que me sentí triste porque sabía que aquella asociación significaba que ya no habrían más reuniones informales después de clases, a menos que trataran temas del nuevo grupo que se armaba. Pero tengo dos recuerdos puntuales de aquellos tiempos, uno triste que se refiere a un accidente automovilístico que sufrió una de las chicas del grupo y que nos unió a todos en la preocupación y el dolor alrededor de su cama, en la clínica donde se encontraba internada; fueron momentos difíciles pero a la vez, era confortante ver tal unión en el grupo. El otro recuerdo fué una fiesta; eran dos hermanos, los primeros sanmarquinos que conocimos en la cafetería universitaria y que justamente llegaron con el proyecto de la asociación del movimiento negro del Perú y un día celebraron juntos su cumpleaños en la ciudad satélite de Ventanilla; aquella fiesta fué inolvidable, una de las mejores reuniones a las que haya asistido, por toda la hermosa gente que conocí, por el calor familiar que le dieron a la fiesta, por esa bella estampa que teatralizaron en medio de la sala y que mostraba la terrible y aberrante época de la esclavitud en el Perú; fué, realmente,una fiesta completa.Lamentablemente, fué a la vez una época difícil para mí y me ví obligada a dejar la Universidad y todo lo que rodeaba mi vida estudiantil hasta entonces. No volví a verlos pero siempre he sabido de ellos por notas periodísticas, entrevistas de radio y en estos últimos tiempos, a través del Internet. El Movimiento Negro del Perú sigue vigente y espero que esten logrando las metas que se trazaron hace cuarenta años. Salud por ellos.